Infiltrados: El judío impasible o el Job de los tiempos modernos

Segunda colaboración para De Serchers:
El periodista Santiago Pérez analiza a fondo la película Un tipo serio, de los hermanos Coen.

Dos recomendaciones:
– Una, merece la pena leerlo aunque sea muy largo. Están todas las claves para entender la película más personal y complicada de los Coen desde Barton Fink.
– Leerlo sólo después de haber visto la película. Hay spoilers

——————————————————————————————————-

El judío impasible o el Job de los tiempos modernos

Después de 25 años de hacer cine, los hermanos Coen indagan sobre la vida, la clase social y la religión judía en la que nacieron –las tres inevitablemente intrincadas- y cuyos ritos, realmente trabajosos por lo que se ve en el filme A serious man (Un tipo serio, -quizá grave sería una traducción más exacta-) aprendieron desde la infancia y practicaron en la adolescencia. Y lo hacen desde una perspectiva crítica, pero no airada de manera estúpida e inmadura, objetiva sin cargar las tintas en las experiencias más negativas y con una gran dosis de subjetividad que no supone una excusa para renunciar a lo que han sido y han llegado a ser.

La historia que narran los Coen puede calificarse de “muy judía” por los personajes, el ambiente y, también, los hechos, pero quitando lo específicamente propio de esa religión que atañe a las dos primeras características, las reflexiones que suscitan las peripecias del protagonista no son ajenas a otras culturas. Aunque sí el clima obsesivo y aparentemente inextricable en el que se mueve el protagonista Larry Gopnik. La cinta se abre con un prólogo que, aparentemente, no guarda relación con el resto de la obra. Un matrimonio judío que vive en la Polonia rural del siglo XIX con las grandes estrecheces y penalidades de sus congéneres recibe la visita de un rabino que había fallecido unos años antes… Es una parábola de la situación de los judíos centroeuropeos en aquella época. Viven en un estadio en el que la leyenda forma parte de la vida cotidiana.

En el viejo continente, los judíos pobres –la inmensa mayoría de ellos- vivían en una situación crítica, practicando una religión con infinitos rituales y un código de costumbres y pensamiento muy estrictos que explicaban la vida y sus efectos al detalle. Aceptaban a ese Dios y esa religión con sumisión y respeto, aunque muchas cosas que sucedían no se podían explicar con las leyes del Señor ni podían entenderlas de manera alguna. En español existe un refrán que explica esa situación: “Los caminos del Señor son inexcrutables”. Pero sabían -eso afirmaba el cuerpo de doctrina del judaísmo- que algún día vendría por fin el Mesías prometido desde tiempos inmemoriales, y tan esperado por cada una de las numerosas generaciones que habían vivido desde entonces- para llevarles a la tierra prometida o, al menos, redimirlos de los males que sufrían.

Esta situación está reflejada en la Biblia, en el Antiguo Testamento, de manera paradigmática en el libro de Job, -que no era estrictamente judío, tal vez árabe, pero al que le ocurren toda suerte de grandes desgracias- sin que proteste lo más mínimo contra Dios. Es la enseñanza de la cita con el que se abre el filme, del sabio judío, Rashi, que reza: “Recibe con humildad cualquier cosa que te pase”.

Desde Polonia, Rusia o cualquier país de ese entorno, los descendientes de esa pareja emigrarán a Estados Unidos y se convertirán en clase media a lo largo del siglo XX. En ese proceso, tuvieron que cambiar la esperanza en el Mesías por la nueva realidad del país al que habían emigrado. Una realidad completamente distinta, las necesidades primarias se van cubriendo, pero aparecen otros problemas amenazadores no menos graves, pero a otro nivel humano. En la nueva situación, no obstante, sigue sucediendo el que muchas de las cosas malas o injustas que suceden no se sabe por qué suceden y, precisamente, por qué les pasa a los que les pasa, porque además no han hecho nada para merecerlo. Los preceptos religiosos tradicionales tan estrictos han dado paso a un judaísmo más secular, de carácter cultural. No está de más recordar aquí -y es una clave fundamental para entender al mundo hebraico- que los judíos no creen en el más allá, la religión no promete una nueva vida sin miseria ni problemas.

Aquí, en esta fase mental, comienza la historia del nuevo Job de los tiempos modernos, de Larry Gopnik, un profesor de física en una universidad de Wisconsin a finales de los años sesenta. La misma época y de la que proceden los Coen y la misma tierra en la que se criaron. Apenas se abre el relato de Gopnik y ya le empiezan a pasar cosas malas a las que hace frente con resignación.:

  • En el trabajo le van a ascender de categoría, pero hay una serie de circunstancias –“sin importancia”, pero que están ahí y nunca le explican en qué consisten- que dificultan el proceso.
  • Suspende a un alumno coreano y éste le quiere sobornar con una cantidad de dinero. Aunque Larry rechaza la coima indignado, el alumno y su padre se le echan encima para que la acepte con razonamientos kafkianos de que no le están intentando comprar, pero debe aceptar el dinero y cambiar la nota. Una muestra de la dificultad de captar la mentalidad oriental.
  • El vecino –un gentil de apellido alemán, amante de la caza (como símbolo de la fuerza y la brutalidad- y que no se corta un pelo en su manera de ser, le quiere comer el terreno de su jardín, que no está vallado, contra toda evidencia de la escritura legal. (Un eco del Job bíblico al que Dios sí había dado una casa con una valla protectora para él, sus hijos y sus propiedades). Eso sí, como buen americano se muestra solidario con él –será judío, pero es un judío americano- cuando el padre coreano llega a la casa a presionarle para que acepte el soborno.
  • Se hace un chequeo porque teme por su salud y, por el momento le dicen que todo va bien.
  • Los asuntos familiares van regular: la hija y el hijo son problemáticos y están siempre discutiendo, el niño fuma marihuana y hace un pedido de discos de música moderna que Larry debe pagar sin saber nada de antemano. N
  • No menos problema para Larry es su hermano, que vive con la familia y duerme en un colchón, que no encuentra trabajo y dice que está buscando una fórmula que le sacará de apuros. Lo único que hace es llenar un cuaderno con dibujos enrevesados que ocupan toda la superficie de cada página. Una referencia a la cábala, la tradición mística de los conocimientos oscuros del judaísmo, plasmados en confusos e intrincados dibujos y figuras simbólicos, que sólo pueden comprender los iniciados. La mujer y los niños le detestan, pero Larry le quiere y se preocupa por su bienestar. Otra referencia a la cábala es la leyenda que un paciente de un dentista judío tiene grabada en la parte posterior de los dientes y que aterroriza al médico.
  • Larry está sexualmente obsesionado con la vecina, que toma el sol completamente desnuda en el jardín a la que contempla embobado desde el tejado de su casa. Hasta soñará que hace el amor con ella. La relación no se concreta nunca.
  • Y, de repente, estalla la bomba: su mujer le anuncia que se va con un amigo común, físicamente muy poco agraciado lo que es un agravio aún más doloroso, que es un baboso y pretende convencerle de que lo mejor es que acepte todo sin protestar.
  • Como consecuencia de la separación se tiene que ir a vivir a un motel mugriento de carretera, lo que pone en evidencia todavía más su gran humillación. Además, tiene que ir a un abogado que al final le pasará una factura desmedida. Al final, y muy a su pesar, se ve obligado a aceptar el soborno para pagar la factura. -Sufre un accidente aparatoso de coche, afortunadamente sin consecuencias, aunque no tan malo como el choque mortal que tiene a la misma hora el pretendiente de su mujer. Esto significa que ésta vuelve al redil -¿es ahora una buena noticia?- y celebran juntos el bar mitzvah del hijo.
  • Como plaga final, la película termina con una llamada del médico urgiéndole a que se presente porque los resultados optimistas del chequeo que le había anunciado no se corresponden con la realidad.

Si esto no es el Job de la Biblia…, el hombre justo o grave, o sea, A serious man. La persona que busca, y no encuentra, una explicación a su vida en todo este caótico universo.

Para hacer frente a estas plagas acude al consejo de los rabinos y aquí los Coen exponen la red social que vela por la comunidad hebrea. Primero está el joven simpático que le atiende con buenas palabras, pero no le resuelve nada. Acude al de más experiencia que le pone en contacto con el abogado. Finalmente pide audiencia con el más viejo y más sabio, que no le recibe porque “está muy ocupado”.

El anciano y sabio rabino sí recibe, en cambio, a su hijo Danny, el día en que éste es el protagonista de la fiesta judía del bar miztvah –que festeja el paso oficial de la niñez a la adolescencia y cuyo equivalente católico sería la ceremonia de la comunión-. El rabino le devuelve al adolescente el transistor –rústico a los ojos de hoy, modernísimo en aquella época- que un profesor le había confiscado en clase en la escuela de la comunidad judía, y que para su tranquilidad aún conserva en la funda el billete de 20 dólares que había guardado allí para devolver a un compañero. En ese momento, el rabino le revela lo que puede denominarse la clave de la realidad de la vida: “Cuando te das cuenta de que la verdad resulta ser mentira y que la alegría y confianza se desvanecen en tu interior, ¿no es cierto que tienes una gran necesidad de amar a alguien?”. Y recita la letra de la canción del grupo Jefferson Airplane Somebody to love. (Danny y todos los adolescentes y jóvenes del mundo no pueden entender en ese momento lo que la sabiduría les está revelando. Ni Danny ni la mayoría de los adultos que en el mundo son o han sido).

Junto a esta máxima le enseña la pauta de conducta moral que debe seguir: “Sé bueno”, es decir, no hagas a los demás lo que no quieras que los demás te hagan ti. La misma máxima que resume la moral de cualquier religión. Los Coen se refieren a Dios en la escena en que Gopnik habla por teléfono con la empresa que pretende cobrarle el disco que encargó Danny sin él saberlo. Es el álbum Abraxas, de 1970, una palabra emparentada con el témino mágico de abracadabra, y que para los iniciados representa a Dios. Larry manifiesta en la conversación a los vendedores que le persiguen que no sabe quién es Abraxas, que no quiere oír nada de ese asunto y que no le atormenten.

Ese Dios del que Gopnik no quiere saber nada está representado al final de la película por el tornado o torbellino que se abate sobre la escuela rabínica y la sinagoga, el mismo desde el que Dios anunció a Job que, sucediera lo que le sucediera, no se iba a preocupar por él. (Aunque la historia tiene un final feliz porque le restablece en su estado y posesiones y vive, dice el texto sagrado, hasta los 140 años. Pero entonces, ¿para qué le había hecho sufrir tanto?). Es el Dios bíblico todopoderoso que envió las siete plagas a Egipto o que destruyó con una lluvia de fuego a Sodoma y Gomorra, separó las aguas del Mar Rojo para que pasaran Moisés y el pueblo de Israel y las cerró para que perecieran los perseguidores egipcios. Éstas y otras tantas manifestaciones contundentes de la ira divina que se pueden mencionar.

Con el tornado en lontananza las cosas se aceleran: Danny quiere devolverle al compañero los 20 dólares prestados que aquél le había reclamado en varias ocasiones a lo largo de la película y que ahora no quiere recibir porque corre a refugiarse en el sótano de la sinagoga. Pero el encargado no encuentra la llave, mientras el tornado acecha… En este punto aparece el The end, mientras se oye de nuevo la canción Somebody to love

En muchos círculos hebreos no habrá gustado la película, pero no es tan negativa como a primera vista pudiera parecer. Pinta la vida de unos judíos de tipo medio sin grandes ambiciones ni grandes poderes, sometidos al destino implacable que no aciertan a comprender. En este sentido borra el cliché que los gentiles tienen de los judíos poderosos, el clan que controla el mundo por medio de las finanzas, la prensa y la presencia de muchos de ellos en puestos clave a lo largo y ancho del mundo. Lo cierto es que esta visión se corresponde en parte con la realidad, pero no forman un poder omnímodo al que es imposible escaparse.

Volviendo a la parábola judía del comienzo de la película, ese tipo de judíos fue el que recibió a lo largo de la historia la iras de un Dios al que o entendían ni del que se podían librar. Pero ese pueblo pequeño en número se agarró a ese Dios y a las prácticas religiosas para sobrevivir individual y colectivamente, tanto en las tierras de Israel como en la diáspora a lo largo y ancho del mundo.

Y siguen haciéndolo, aunque reduciendo las ceremonias a unas cuantas fiestas básicas que cohesionan la comunidad, aunque ya hayan comprendido que la verdad resulta que es mentira y que, por tanto, desaparecen de tu interior la alegría y la inocencia. “Acepta las cosas tal como vienen” y no busques más explicaciones. Esto es lo que muchas personas en el mundo hispánico no quieren ver y comprender, “la verdad ante todo”, cuando para que la vida continúe es bueno seguir creyendo en las tradiciones. (Las sociedades nórdicas sí que ha comprendido esto).

Volviendo a la historia de la diáspora, los judíos para sobrevivir materialmente, además de aferrase a su religión en el plano espiritual, tuvieron que recurrir a los trabajos que los demás rechazaban. Por ejemplo, se hicieron cargo de las finanzas de los demás con lo poco agradable que resultaba conceder préstamos y reclamarlos después; o más recientemente, se dedicaron a esa actividad vergonzante de filmar historias ridículas en celuloide, no ya de hacer representaciones teatrales, que ya había adquirido un cachet, en un lugar desconocido de California llamado Hollywood. Con el tiempo de esa actividad deshonorable se ha dicho que con ella se gobernaba a la sociedad norteamericana y se establecía el tono moral que la regía.

Aunque los tiempos han cambiado y existen otras pautas sociales, ese dicho aún prevalece. Lo cierto es que los que se habían dedicado a esa actividad porque para los demás no era honorable, como colofón siguen dominando ese sector tan relevante y no sólo desde el punto de vista económico sino social y político. Y con un gran impacto en el resto del mundo.

Nadie duda ahora que el cine se ha convertido en el séptimo arte, el granero de las ilusiones de millones de ciudadanos, un arte en el que Joel y Ethan Coen brillan con luz propia y magistral.

Santiago Pérez
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: